jueves, abril 12, 2007

¿Donde está Otoño Uriarte?



No suelo publicar artículos del diario ni noticias de actualidad, pero la desaparición de Otoño Uriarte -desapareció el 23 de octubre de 2006, en la provincia de Río Negro- me ha conmovido mucho y me ha dado muchisima bronca e impotencia. Cuando lean los proximos parrafos van a entender más.

"El 23 de octubre de 2006, la joven salió del colegio, fue a la casa de una amiga y a la noche iba a practicar voley. Desde las 23.30 horas de ese día, no sé sabe que pasó.

Todo parece desconcierto. Tampoco hay demasiadas pistas que hagan pensar en una pronta resolución del caso, pero de manera sorpresiva, los investigadores descubrieron una red de prostitución en la que estarían vinculados varios policías locales y en cuyas manos temen que puede haber caído la adolescente, según informó el diario "Río Negro".

El caso apuntaría directamente contra agentes rionegrinos sospechados de encubrir una organización de secuestro y prostitución de menores descubierta durante la investigación.

El diario rionegrino informó haber tenido acceso al expediente del caso Otoño, donde se reflejan y describen maniobras realizadas en la comisaría del Valle Medio para "blanquear" a jóvenes raptadas y obligadas a prostituirse en distitos locales de esa zona."

Fuente Clarin



Solo espero que haya justicia, y esta red desaparezca. Para los policias involucrados? Mi mas profundo deseo de infelicidad y fracasos (por no decir que les de un cancer de testiculos).

lunes, abril 09, 2007

El niño que fue a menos

La señorita Claudia le pregunta a Ferro:
-¿Quién fundó la ciudad de Asunción?
Ferro lo ignora y lo confiesa. La maestra intenta por otros rumbos.
-Tissot.
-No sé, señorita.
-Rossi.
Silencio. El ambiente se pone pesado porque quizá la señorita Claudia enseñó aquello el día anterior.
-Maldonado.
Nada. Claudia frunce el ceño y ensaya unos reproches generales.
Frezza, el tano Frezza, lo sabe de algún modo misterioso. Es extraño el camino que siguen las nociones: suelen alojarse donde menos se piensa.
-Núñez. López. Dall’Asta.
Tampoco. Frezza espera, sobrador, sin levantar la mano. Cosa de manyaorejas, piensa.
La señorita Claudia se dirige a las niñas y pronuncia el nombre amado. Frezza está muy lejos para soplar y la morocha que lo enloquece no puede contestar. De pronto, la maestra lo mira.
-Frezza.
Y el niño taura, que tal vez necesita anotarse un poroto, se levanta, mira hacia el banco y de la morocha y dice casi triunfal:
-No lo sé.
Si es que nadie lo sabe, estará bien no saberlo. Frezza se sienta y se oye entonces, como en una horrible blasfemia, la voz de Campos, injuriosa:
-¡Juan de Salazar!
Pasaron los años. La morocha no conoció el amor de Frezza ni tampoco su gesto elegante y generoso.
Si alguien califica estas lecciones en alguna Libreta Celeste, Frezza tendrá un nueve. Y si ni siquiera existe esa Libreta, entonces tendrá un diez.

Alejandro Dolina, “Crónicas del Angel Gris”