martes, diciembre 26, 2006

2007

Ya casi ha terminado el /06 y nos está invadiendo el /07. Año que será por seguro muy particular, ya que el 07 es un número mágico y misterioso.
Muchos aspectos de la vida del hombre son regidos por este número. Son siete días los que tiene la semana, los mismos que ocupó Dios para formar la tierra. Son siete los mares del planeta. Los indús han descubierto siete chacras o puntos de energía en el cuerpo, siete maravillas del mundo, siete pecados capitales, siete calamidades. Dante describe siete infiernos, los metafísicos hablan de siete niveles de conciencia, Blanca Nieves se acompaña por siete enanos, el arco iris tiene siete colores, son siete las notas musicales, las botas de siete leguas, siete vidas tiene un gato, la serpiente de siete cabezas, los dos digitos de mi edad sumados dan siete, tengo siete remeras para lavar, le debo siete pesos a mi hermana, y asi muchas otras.
De todos modos, mi deseo es que en unos años no recuerdes el /07 por ninguna de estas casualidades, si no porque haya sido un año en el que fuiste MUY feliz.

sábado, diciembre 23, 2006

Grandes noches



La semana pasada fueron los recitales de Joaquin Sabina en la Bombonera. Que decir de ellos! Fueron simplemente increíbles! El sábado con mucho calor y luego mucha agua (de todos modos Sabina es impermeable) y el domingo un show completo, con la reunión con Fito y Pancho Varona disfrazo de Obispo, como condimentos extras.

En el blog de Pancho Varona -http://panchovarona.blogspot.com/- encontré esto, que espero les guste:

Bombonera de lluvia y emoción,
corazones abiertos al destino,
espejismo, delirios argentinos,
cien mil voces en una sola voz.

Para la Doce, cantos a granel,
para el alma, Varona sin espinas,
por el aire los cantos de Sabina
y en los bises el coro de Babel.

Con el alma guardada en el bolsillo
y la frente marchita de quimeras,
cantamos con el tono más sencillo,
los versos de Joaquín, a su manera.

Bendito recital (lluvia cretina)
estaba escrito, tenía que llover,
y en un soneto, Joaquín de Sabina,
dejaba una promesa de volver.

Habían pasado ya los nacionales,
habían rapado a la "señá" Cibeles,
cautivo y desarmado
el vaho de los cristales.

a la hora de la zambra, en "Los Grabieles",
Boquita no salía tricampeón,
al día siguiente hablaban los papeles
de Braña, de Caldera, de Verón.

Caminito, Quinquela, allende el mar,
Olga Román, ausente con aviso
de Diego buscando un paraíso
en las teclas de un piano de cristal.

Fito Paez y reconciliación,
azul y albión, Baglieto ultramarino,
“tu lunes, tu fiebre, tu asesino,
tu resaca, tu vino, tu estación”

Y luego la tormenta de cuchillos
y después el dolor de no va más
y el domingo de llantos amarillos
y el altillo de la contrariedad.

Niña cuenta por mí lunas y cielos
que hoy vamos a cerrar todos los bares,
con el alma tristísima de duelo,
Joaquín se marchará por otros mares.

Habían pasado ya los nacionales,
habían rapado a la "señá" Cibeles,
volvían a sus cuidados
las personas formales.

a la hora de la conga, en los burdeles,
por Brandsen se rompía un corazón,
al día siguiente hablaban los papeles
de un lunes con ojeras de limón .

sábado, noviembre 11, 2006

¿Se ama con el corazón o con el cerebro?

Hace casi 400 años se lo consideraba la causa de un mal sin tratamiento que, sólo excepcionalmente, afectaba a los varones. Durante siglos, poetas y escritores lo culparon de las más profundas desdichas y hasta de la locura... El amor, sin embargo, no merecería cargar con tanta responsabilidad.

"Uno no ama con el corazón, sino con el cerebro. De hecho, las estructuras fisiológicas relacionadas con el afecto están dentro del cerebro. Cuando veo sufrir a mis pacientes por problemas de relación de pareja, sé que pasaron el límite del amor. Cuando eso ocurre se afecta la dignidad personal y entonces comienza un juego enfermizo e irracional, nada saludable", lanzó contra todo pensamiento conservador el psicólogo Walter Riso, coordinador general del Centro de Estudios Avanzados en Psicología Clínica, en Medellín, Colombia, y reconocido en el mundo por sus libros contra la idealización del amor.

Experto en bioética, filósofo, defensor de la terapia cognitiva y detractor del psicoanálisis, el doctor Riso se refiere al amor como una de las cinco adicciones modernas, que investiga junto con su equipo de la Universidad Católica de Bogotá.

"Estudiamos las denominadas nuevas adicciones, que son la belleza, el celular, Internet, el trabajo y, por supuesto, el amor -explicó-. Los resultados nos ayudan a hacer prevención. No hay que olvidar que toda adicción es una enfermedad per se y, por lo tanto, con consecuencias altamente riesgosas."

Desde su punto de vista, el amor puede causar no sólo trastornos psicológicos, como la obsesión, la depresión o la ansiedad, sino también problemas emocionales desestabilizantes de la autonomía y del bienestar físico general.

"La adicción afectiva es una cuestión de salud pública. El 75% de las consultas psicológicas es por cuestiones relacionadas con el amor, cuando éste se vuelve irracional, posesivo y enfermizo", puntualizó el especialista, que combina la práctica profesional, con la enseñanza, la investigación y la escritura.

Con un hablar en el que se confunden su origen italiano y su formación académica mitad argentina y mitad colombiana, Riso mezcla expresiones bien porteñas, elogia los alfajores de maicena que compra en quioscos cuando visita esta ciudad y cuenta que disfruta de la práctica de taichi al aire libre en algún "bellísimo y tranquilo lugar" de El Bolsón.

"Soy una mezcla de la camorra napolitana y de la nostalgia de Buenos Aires", dice, para definirse, durante el diálogo telefónico que mantuvo con LA NACION desde Colombia antes de su llegada al país para presentar su nuevo libro, Los límites del amor. Hasta dónde amarte sin renunciar a lo que soy (Grupo Editorial Norma), el próximo martes, a las 18.30, en el salón auditorio del Centro Cultural Borges.

Cuestión de voluntad

Para Riso, el amor es un acto de voluntad y no solamente un arrebato emocional.

"Es una mezcla de emoción y pensamiento. Como tal, implica amistad, afinidad de principios, respeto por los valores y los derechos humanos del otro y solidaridad", afirmó, antes de relatar historias de pacientes que accedieron a practicar el intercambio de pareja, por ejemplo, sin sentirse a gusto o a tomar medidas extremas, como hacer huelga de hambre en contra de la oposición de la pareja para salir con amigos.

"El amor tiene sus límites y no lo justifica todo -aseguró-. Entregarse en cuerpo y alma, dejando de lado a uno mismo y a las necesidades propias es el resultado de creencias distorsionadas. Cuando se da fidelidad, se espera fidelidad, y cuando se respeta, se espera respeto. Existe la idea absurda del amor como generosidad absoluta. Pero esto no es saludable si no se comparte."

A través de sus doce obras publicadas, la primera de las cuales -sobre cómo superar la dependencia afectiva- tuvo ocho ediciones sólo en España, Riso propone "instalar un amor subversivo".

Y agrega: "Eso de que «seamos uno solo» es un delirio. Cuando escucho hablar del «deber conyugal»...", deja la frase inconclusa y se ríe para luego insistir en que el amor no se obliga .

Para lograr esa "revolución" de los afectos, el especialista descarta la ayuda del psicoanálisis y confía en la utilidad de una terapia que no se concentre en la catarsis del paciente durante la hora de consulta, sino en una atención que modifique el comportamiento y el pensamiento.

"El psicoanálisis es una pesadilla, y puedo asegurar que no cumple criterios científicos -afirmó-. La terapia cognitivo-conductual es la que más funciona porque logra confrontar al paciente con sus problemas y cambiar la forma en que procesa la información mirando la realidad tal cual es."

Durante la terapia, según explicó, el paciente básicamente necesita recuperar la dignidad personal y el respeto por uno mismo.

En estos casos, Riso consideró que la clave es hablar con la pareja sobre lo que no es negociable, es decir, lo que va en contra de sus principios, valores o convicciones. "Se busca generar inmunidad a la enfermedad", señaló.

En definitiva, para Riso, la felicidad no indica necesariamente la ausencia de una patología, como es la adicción afectiva. "La depresión por amor no es distinta a otra depresión. Por eso, propongo «pellizcarle la cola» al amor para no seguir idealizándolo. Al amor también hay que pensarlo", finalizó el especialista.

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

viernes, noviembre 03, 2006

Una propuesta interesante...

Los espero el 18/11 almohada en mano.

http://www.luchadealmohadas.blogspot.com/

domingo, octubre 22, 2006

Eterno juego de la seducción - Por Rolando Hanglin

Eterno juego de la seducción

Por Rolando Hanglin


Uno invitó a la chica a salir. Y la chica le dijo que sí. Aquí estamos, comiendo en un restaurante o –mejor– tomando una copa. Uno cuenta historias, hace chistes, se muestra ocurrente.

Ella se ríe. Y esa carcajada dulce y cristalina es como una música que nos hace bien. Sentimos que nos adivina, nos comprende, nos celebra. Trabajamos por su risa, la anhelamos como náufragos, nos morimos por esa voz. Y ella juega con los tonos de su risa, el murmullo, la exclamación, los destellos de sus ojos.

Siempre ha sido así. El varón hace bromas, la mujer las festeja. Por eso hay tan pocas actrices cómicas, más allá de una Niní Marshall o una Lucille Ball. Los payasos somos nosotros, para ellas.

Y el deber de ellas es asustarse un poco y comentar: "¡Qué loco, qué loco!".

Es un código inscripto en nuestros genes.

En Las Aventuras de Tom Sawyer, capítulo 1, un pibe de 12 años sale a disfrutar de la mañana soleada de un domingo en su pueblo de calles de tierra y descubre, de pronto, que hay una vecinita nueva en la casa de al lado. Es Becky Thatcher, la hija del juez. Tiene trenzas rubias y lo mira con desconfianza.

Tomás Sawyer se desvive por captar la atención de la rubiecita. Camina con las manos, da vueltas carnero, lanza piedras muy lejos, silba canciones enteras. Cada tanto atisba hacia la verja de la familia Thatcher. Allí sigue Becky, mirándolo, pero sin sonreír.

Es la misma historia. Hacemos piruetas, locuras y patochadas para que ellas nos miren y sonrían.

¿Por qué será?

Andando los años, las chicas se enamoran de otros que no son necesariamente cómicos, pero hacen cosas llamativas. El campeón de fútbol, o de básquet, o de rugby... ¡Los músicos! Los cantantes. Los artistas. Los hombres de negocios. Los policías.

A las chicas les gusta mucho que el novio las pase a buscar y las saque a pasear en coche. El hombre manejando es una imagen que impulsa a la mujer a sacarse los zapatos y ponerse cómoda, mimosa... ¡Está en sus manos!

De alguna manera, el varón está en la calle, poniendo el cuerpo, batallando, demostrando que se encuentra en condiciones de protegerla, de transportarla, de mantenerla.

A las chicas les fascina el teléfono. Es el vehículo del romance, aunque últimamente un poco desplazado por los mails y los mensajes de texto. La campanilla que suena y el hombre que llama. La voz que dice cosas. Las palabras. Los poemas. Las promesas. Las flores –que finalmente son los órganos genitales de las plantas– e incluso... ¡Las mentiras, nuestra arma favorita!

Se me dirá que todo esto ya no existe. Que las chicas no esperan al Príncipe Azul, que el teléfono no llama, que todo es distinto...

Tal vez.

Pero todavía falta mucho para que la mujer deje de ser mujer y el hombre cese de ser hombre.

Por ejemplo: ¿por qué el hombre se permite escupir, eructar y otras asquerosidades que no cometería nunca una mujer? Por la sencilla razón de que ella es una señorita.

¿Por qué el hombre puede transpirar como un chivo, oler como una foca, tener las manos sucias de grasa, la panza prominente y pocos pelos en la cabeza, mientras que ella debe necesariamente ser linda, pura, decente, cristalina, discreta, refinada? ¿Por qué?

Nosotros nos damos el permiso de ser unos auténticos monstruos; ellas no.

La mujer va a la peluquería, se hace las manos y los pies, se pone crema, se perfuma, se depila. El hombre se afeita y gracias.

Al hombre le gustan las películas porno, a la mujer la impresionan. El hombre grita palabrotas, ella habla como una señorita, o como una señora.

Y está todo bien.

Es el juego que hemos jugado siempre. No sabemos otro.

sábado, octubre 21, 2006

La vida es sueño?

Soliloquio de Segismundo en La vida es sueño - Pedro Calderón de la Barca

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.


Sólo serás un sueño? Podré verte en la realidad? No serás la realidad y esto el verdadero sueño?
Entonces no se si quiero despertar o volver a soñar.

sábado, octubre 14, 2006

El Sueño - Jorge Luis Borges

EL SUEÑO

Si el sueño fuera ( como dicen ) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

J.L.Borges

Quiero volver a vivir ese sueño en que era feliz.

viernes, octubre 06, 2006

No todo se controla con el mouse...

Si la vida fuese tan facil como navegar en internet....



viernes, septiembre 29, 2006

Me puse a jugar con la tijera...

Utopía

Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.”- (Eduardo Galeano)

miércoles, septiembre 27, 2006

Soy mal pensado o la gente es distraida?



Encontré este cartel en internet. La foto parece real o no?

No hay nada que hacer, Freud esta siempre presente.

martes, septiembre 26, 2006

Buscando adeptos

Me uno a esta campaña. Te esperamos en ella!

((haz click sobre "esta campaña" para visualizarla))

Abrazo! ;)

lunes, septiembre 25, 2006

La traición de Wendy

La canción "Si Peter Pan Viniera" de Ismael Serrano, habla de la traición de Wendy que no cumple con su palabra de ser niña eternamente.
Quizás no recuerdes el cuento asi que hoy comparto con ustedes el cuento de Peter Pan (si algo infantil lo se, pero quien no quiere ser niño eternamente?) y la letra de la canción de Ismael.

Peter Pan:

Wendy, Michael y John eran tres hermanos que vivían en las afueras de Londres. Wendy, la mayor, había contagiado a sus hermanitos su admiración por Peter Pan. Todas las noches les contaba a sus hermanos las aventuras de Peter.
Una noche, cuando ya casi dormían, vieron una lucecita moverse por la habitación.
Era Campanilla, el hada que acompaña siempre a Peter Pan, y el mismísimo Peter. Éste les propuso viajar con él y con Campanilla al País de Nunca Jamás, donde vivían los Niños Perdidos...
- Campanilla os ayudará. Basta con que os eche un poco de polvo mágico para que podáis volar.
Cuando ya se encontraban cerca del País de Nunca Jamás, Peter les señaló:
- Es el barco del Capitán Garfio. Tened mucho cuidado con él. Hace tiempo un cocodrilo le devoró la mano y se tragó hasta el reloj. ¡Qué nervioso se pone ahora Garfio cuando oye un tic-tac!
Campanilla se sintió celosa de las atenciones que su amigo tenía para con Wendy, así que, adelantándose, les dijo a los Niños Perdidos que debían disparar una flecha a un gran pájaro que se acercaba con Peter Pan. La pobre Wendy cayó al suelo, pero, por fortuna, la flecha no había penetrado en su cuerpo y enseguida se recuperó del golpe.
Wendy cuidaba de todos aquellos niños sin madre y, también, claro está de sus hermanitos y del propio Peter Pan. Procuraban no tropezarse con los terribles piratas, pero éstos, que ya habían tenido noticias de su llegada al País de Nunca Jamás, organizaron una emboscada y se llevaron prisioneros a Wendy, a Michael y a John.
Para que Peter no pudiera rescatarles, el Capitán Garfio decidió envenenarle, contando para ello con la ayuda de Campanilla, hada quien deseaba vengarse del cariño que Peter sentía hacia Wendy. Garfio aprovechó el momento en que Peter se había dormido para verter en su vaso unas gotas de un poderosísimo veneno.
Cuando Peter Pan se despertó y se disponía a beber el agua, Campanilla, arrepentida de lo que había hecho, se lanzó contra el vaso, aunque no pudo evitar que la salpicaran unas cuantas gotas del veneno, una cantidad suficiente para matar a un ser tan diminuto como ella. Una sola cosa podía salvarla: que todos los niños creyeran en las hadas y en el poder de la fantasía. Y así es como, gracias a los niños, Campanilla se salvó.
Mientras tanto, nuestros amiguitos seguían en poder de los piratas. Ya estaban a punto de ser lanzados por la borda con los brazos atados a la espalda. Parecía que nada podía salvarles, cuando de repente, oyeron una voz:
- ¡Eh, Capitán Garfio, eres un cobarde! ¡A ver si te atreves conmigo!
Era Peter Pan que, alertado por Campanilla, había llegado justo a tiempo de evitarles a sus amigos una muerte cierta. Comenzaron a luchar. De pronto, un tic-tac muy conocido por Garfio hizo que éste se estremeciera de horror. El cocodrilo estaba allí y, del susto, el Capitán Garfio dio un traspié y cayó al mar. Es muy posible que todavía hoy, si viajáis por el mar, podáis ver al Capitán Garfio nadando desesperadamente, perseguido por el infatigable cocodrilo.
El resto de los piratas no tardó en seguir el camino de su capitán y todos acabaron dándose un saludable baño de agua salada entre las risas de Peter Pan y de los demás niños.
Ya era hora de volver al hogar. Peter intentó convencer a sus amigos para que se quedaran con él en el País de Nunca Jamás, pero los tres niños echaban de menos a sus padres y deseaban volver, así que Peter les llevó de nuevo a su casa.
- ¡Quédate con nosotros! -pidieron los niños.
- ¡Volved conmigo a mi país! -les rogó Peter Pan-. No os hagáis mayores nunca. Aunque crezcáis, no perdáis nunca vuestra fantasía ni vuestra imaginación. De ese modo seguiremos siempre juntos.
- ¡Prometido! -gritaron los tres niños mientras agitaban sus manos diciendo adiós.

Canción Ismael:

Artista: Ismael Serrano
Album: La Traición de Wendy
Canción: Si peter pan viniera

Si Peter Pan viniera a buscarme una noche azul,
que me sorprenda a oscuras. Por favor, que no dé la luz,
no vaya a descubrir que suelo mentir
cuando juro ser aún ese niño.
Quién le va a contar que la gran ciudad
no dejó ninguno ninguno, ni uno vivo.

Estrellas fugaces, mi más breve instante, respiran el humo,
escuchan el mudo rumor que nace en sus vientres.
Fueron arrojados al acantilado
de la cruel favela,
huyen de las hienas, de escuadrones de la muerte.

Si Peter Pan viniera a buscarme una noche azul,
que se extingan los soles, ¿dónde diablos te esconderás tú?
Mowgly coserá botas en Ceilán,
no escuchará rugir de noche a Bagheera.
Tom Sawyer reirá tras el humo del crack
si en esta redada logra salvar la vida.

Si Peter Pan viniera a buscarme una noche azul,
que nos sorprenda a oscuras, por favor apaga la luz.
Si quieres evitar que en la tempestad
le queme la fiebre de niños ancianos.
Quién le hará entender que al amanecer
cierran con grilletes sus ojos cansados.

Niños que perdí, a los que mentí,
gritan a lo lejos, arañan el hielo de la luz de la mañana.
Niños con espinas, con cuencas vacías,
que te lanzan piedras,
tiñen las sirenas de todas las ambulancias.

domingo, septiembre 24, 2006

jueves, septiembre 21, 2006

El rapto de Perséfone

Hoy comienza la primavera, Perséfone vuelve con su madre. Sepan de que se trata:

El rapto de Perséfone

Cuenta Homero que hubo un tiempo en el sureste de Europa en que reinaba la eterna primavera. La hierba siempre era verde y espesa y las flores nunca marchitaban. No existía el invierno, ni la tierra yerma, ni el hambre. La artífice de tanta maravilla no era otra que la diosa de la fecundidad de los campos, Démeter (la Madre Tierra). Démeter se convertiría en la cuarta esposa de Zeus, padre de todos los dioses, dueño y señor del cielo. De este matrimonio nacería Core (doncella), que después recibiría el nombre de Perséfone.

La criatura era el amor de su madre y una joven de gran hermosura. Solía acercarse a un campo repleto de flores a jugar. Un día pasó por allí el terrible Hades, dios de los infiernos, con su temible carro tirado por caballos. Se encandiló de Perséfone y la raptó para llevarla al subsuelo, a su territorio. Démeter, al no aparecer su hija, empezó a preocuparse y fue en su búsqueda. Para ello encendió dos antorchas y, con una en cada mano, emprendió una peregrinación de nueve días y nueve noches. Todo fue inútil. Al décimo día el Sol, que todo lo ve, se atrevió a decirle quién se había llevado a su hija. Irritada por la ofensa, Démeter decidió abandonar sus funciones y el Olimpo. Vivió y viajó por la tierra. Ésta se quedó desolada y sin ningún fruto ya que, privada de su mano fecunda, se secó y las plantas no crecieron.

Zeus, ante el desastre que se estaba produciendo, se vio obligado a intervenir de alguna forma. Sin embargo no le fue posible devolver a Perséfone a su adorada madre. ¿Por qué? Porque la muchacha había probado el fruto de los infiernos (la granada) y le era imposible regresar al mundo de los vivos y abandonar las profundidades. Así las cosas, se pudo finalmente llegar a un compromiso. El acuerdo permitía a la joven mantenerse al lado de su esposo durante un periodo del año -algunos mitólogos dicen medio año, otros un poco más- y volver al lado de su madre. Cuando Perséfone regresa con su madre, Démeter muestra su alegría haciendo reverdecer la tierra, con flores y frutos. Por el contrario, cuando la joven desciende al subterráneo, el descontento de su madre se demuestra en la tristeza del otoño y el invierno. Así se renueva anualmente el ciclo de las estaciones.

miércoles, septiembre 20, 2006

Asteroide b612 - Fernando Ubiergo

Esta poesía de Fernando Ubiergo me gustó mucho y espero a ustedes también.

Hay un asteroide en el cielo
llamado B612
donde vive un principito
que cuida una flor

Y tiene un cordero
que le gusta comer flores
tres volcanes apagados
que día a día limpiará

Quién me dibuja un bozal
para ponerle a mi cordero
El cordero se quiere comer
la única flor que hay en mi huerto

Los baobab son mala hierba
que vive en todos los rincones
enemigos de los flores
todo lo quieren cubrir

La mala hierba hay que cortarla
antes que empiece a crecer
Si la mala hierba crece
las flores no vas a ver

Quién me dibuja un bozal
para ponerle a mi cordero
El cordero se quiere comer
la única flor que hay en mi huerto

martes, septiembre 19, 2006

Historia de un tímido - Capítulo 4

Mi infancia había sido difícil, pero muy feliz, o eso creo, el tiempo tiene la habilidad de hacer todo lo pasado extraordinariamente mejor, supongo que será producto de la selectividad de la memoria para los momentos gratos. Lo cierto es que transcurrió en un pueblo muy pequeño, de apenas cuatrocientos habitantes. Vivíamos en una casa humilde frente a la plaza, la ubicación era extraordinaria, en menos de cien metros estaba todo lo que tenía Villa Victoria.

Una iglesia que para ese entonces me parecía inmensa y quizás no fuese más grande que la más pequeña de la capital. Allí vivía el padre Horacio, o "el rengo" como solía decirle mi madre a sus espaldas. Horacio tenía los ojos mas grandes que jamás haya visto, durante algunos sermones tuve miedo que salten de sus lugares y rueden por toda la iglesia; él me confesó por primera y única vez, cuando le comenté de mis andadas se persignó y me mandó a cumplir un castigo tan largo que es el día de hoy que no he llegado a completar.

Frente a la iglesia estaba la despensa, el señor Ernesto era el dueño. Ernesto era el hombre más poderoso del pueblo, su casa era enorme y solo vivía con su mujer, sus hijos vivían y estudiaban en la capital. Ningún otro habitante del pueblo tenía hijos estudiando en la gran ciudad, Ernesto hacía el esfuerzo porque decía que solo tendrían futuro aquellos que dediquen sus vidas al estudio y mucha razón tenía "el turco" (también era conocido con este apodo). Yo que creía para ese entonces que jamás estudiaría, quemé mis pestañas más de siete años detrás de libros de medicina.

El bar del pueblo era un poco más alejado del centro, de todas maneras no puedo contar mucho de él, todos los menores teníamos prohibida la entrada. Mamá decía que era un lugar donde iba lo peor del pueblo en las noches, aunque varias veces me pareció ver salir al padre Horacio, no estoy completamente seguro que fuese él pero no había otro con ese caminar tan característico, parecía bailar a cada paso. Siempre llevo en mi corazón a Villa Victoria, el más mínimo detalle me trae algún recuerdo de ese lugar tan peculiar.

Mamá siempre se preocupó por integrarme a la sociedad y me anotó en todos los clubes del pueblo, incluso en pueblos vecinos pero el resultado nunca fue positivo. Siempre buscaba alguna barata excusa para no ir. Como si el tiempo no hubiese pasado esa mañana llamé a la oficina para no ir, y dormi todo el día.

En que pensé? En nada. Solo dormi.

Historia de un tímido - Capítulo 3 (créditos a Sabina)

Esa noche tuve el primer transpié. Me acosté temprano contento con mis humildes logros, pero instantaneamente sentí mucha vergüenza. Sentí que estaba haciendo el ridiculo, que se debían burlar de mí y repase mentalmente cada frase del almuerzo buscando una doble intención. Mi pulso se agitó y comencé a transpirar. Dudé varias veces en no ir a trabajar al día siguiente, y hasta imaginé planes para justificar mi falta.

Para salir de ese vicioso círculo de pensamientos negativos traté de vivir mentalmente una vida que no fuese la mía, ese juego me ayudaba mucho a distraer mi traviesa imaginación. La recurrente vida ajena era la de ser futbolísta, tener un talento nunca antes visto y toda la tribuna grite mi nombre. Sé que ahora están concluyendo que mi problema no era la timidez o la vergüenza, si no un alto egocentrismo. Y no se equivocan, los tímidos nos son mas que grandes egocentricos. Estamos totalmente convencidos que los demás nos están mirando constantemente y eso es lo que nos incomoda.

Después de varios goles, y algunos campeonatos, quedé rendido y el sueño se apoderó de mi.

A la mañana siguiente nada recordaba o al menos la sensación era completamente diferente y partí hacia el trabajo, no sin antes despeinarme prolijamente y cortar minusiosamente mi barba para que luzca abandonada.

La entrada a la oficina fue lenta y silenciosa, la noche anterior me había hecho dudar si continuar bajo el mismo plan. Me senté cruzado de piernas y me dediqué a trabajar antes de continuar pensando en cosas que no rindan frutos económicos.

A la hora del almuerzo mi ciclotimia marcaba horas negativas, asi que comí en el bar de la esquina. Entre bocado y bocado de la tortilla de papa pensé mil diferentes planes para acercarme a Paula en el viaje de vuelta, y también pensé como fracasarían cada uno de ellos. Cada buena idea se refleja en una negativa.

No comí postre, ni tome café y antes de la hora indicada estaba nuevamente en la oficina.

Trabajé a desgano toda la tarde, y ni un minuto después de las seis salí caminando.

En el colectivo no estaba Paula, ni ninguna cara conocida del trabajo. Sin embargo una rubia muy alta a mitad camino me preguntó en que sector de la empresa trabajaba, no me resultó conocida y charlamos por el breve espacio de tiempo en que el colectivo llegó a mi parada.

Me preguntó donde vivía, y no dudé en responderle “al otro lado de la nube negra”. No creo haya entendido la metafora ya que no repondió, pero cuando me dispuse a bajar se despidió con una frase extraña:

-“Cuando dejes de deshojar los racimos de la nada, el viento se llevará esa nube negra”

Los roles se invirtieron y el sorprendido fui yo.

Cuando llegué a casa acomodé mi nube negra en mi cama y dormí sin sobresaltos hasta la mañana siguiente.

jueves, septiembre 07, 2006

Historia de un tímido - Capítulo 2

Despertarme no era fácil, siempre fui un aficionado a dormir. Quizás esa fuese la tarea a la que le demostrase mayor interés, no por simple araganía si no porque dormir me permitía soñar. En los sueños uno hace todo que despierto jamás lograría. Algunos aventurados dicen volar, derribar paredes o hasta convertirse en presidentes. Sin embargo, yo era mas concreto, pero no por ello menos ambicioso, en mis sueños era un desinhibido, exitoso y galante muchacho que era feliz. Aunque debo confesarles que algunas noches soñaba mi muerte, pero tenía la esperanza que desde mi cambio eso no volviese a suceder.

La mañana de ese Martes tuve otro de esos sueños cíclicos en los que sueño levantarme, para luego darme cuenta que no lo estoy y trato de levantarme realmente, y cuando lo logro no es otra cosa que un nuevo sueño en el que sueño levantarme. Dificil de explicar y una experiencia por demás de compleja.

Cuando realmente me desperté tuve que cambiarme a gran velocidad porque era tarde. Caminé muy rápido hasta Cabildo donde me tomé el colectivo.

El día tenía dos claros objetivos: mantener mi postura y acercarme a Paula. No obstante mi ingreso volvió a ser silencioso, si bien tenía pensado saludar, no tuve el coraje suficiente.

Trabajaba en esa empresa hacía cinco años, lo hacia de traductor. Mi tarea consistía en recibir el correo y traducir aquellos que estaban francés. Cuando mi padre me obligó a estudiar francés durante la secundaria lo tome como una tarea más, y jamás creí que mi destino estuviese ligado a ello. Sin embargo, había encontrado la tarea apasionante. No solo me habia enamorado del idioma, si no que me permitía redactar los correos a mi gusto, darles distintas entonaciónes y demostrar mi amplio vocabulario. Era capaz de escribir varias hojas de más para no repetir un adjetivo.

Claro que mi formación básica no estaba relacionada con ello. Estudié ocho años para recibirme de médico, nunca hice la residencia. En segundo año supe que ese no era mi destino, que la medicina no era lo que esperaba y que nunca sería feliz ejerciendola, pero tuve miedo al fracaso, al que dirán y terminé a desgano una carrera que nunca ejercí.

Después de varios mails, algunos algo extensos, llegó la hora del almuerzo. Que además de un alivio para mi crujiento estómago, era el desafio del día.

En ninguna de las mesas estaba Paula, asi que me senté en la primera que encontré. No levante la mirada, y abri mi ensalada apenas me senté.

“No se saluda en tu barrio” dijo uno de los integrantes de la mesa. Su tono no fue desafiante, si no alegre y chistoso. Le sonreí y me disculpe. Ese fue el comienzo de una charla tan extensa que para cuando debí volver a la oficina, no habia comido ni la mitad de la ensalada.

La tarde fue un suspiro, las tareas fueron las mismas, pero la felicidad de haber logrado mi objetivo me hacia perder referencia del tiempo.

En el colectivo de vuelta estaba Paula, al bajar le dije un tímido “hasta mañana” al que respondió con las mismas palabras.

No quise pasar por el bar, ese día había tenido demasiados sobresaltos.

Historia de un tímido - Capítulo 1

Llevaba casi treinta años esperando absolutamente convencido que algo iba a suceder mientras dejaba que la vida transcurriese. Una tarde de abril un amigo, quizás el único que tenía, me preguntó que esperaba y no supe responder.

Primero desesperé ante la incertidumbre, después me resigné, pero terminé por enojarme y decidir cambiar. Quizás haya estado esperando a la felicidad sin saber que ella no tiene un reparto a domicilio, quizás a la mujer de mi vida pero ella por seguro no tenía mi dirección, o tal vez mi espera tuviese como destinatario a la suerte ignorando que ella no existe. Lo cierto es que una simple pregunta me presentó al mundo de golpe, como si mis ojos se hubiesen abierto después de una larga siesta.

Al día siguiente cogí me difraz de caballero y salí, no solo hacia mi trabajo, si no a la vida. Debía estar preparado para semejante combate, de manera que decidí ir armado. Lleve conmigo un par de mentiras piadosas, miradas desafiantes, soberbia y por supuesto algo de falso coraje. Con semejante equipaje tenía todas las de ganar.

La oficina esperaba, sin demasiadas ansias supongo, la llegada siempre puntual de aquel sumiso joven que jamás cruzaba miradas a los ojos, y cuya voz pocos conocían. Cuando entré, nadie noto la diferencia. Ni mis pasos firmes, ni mi corbata roja que nunca antes habia usado por vergüenza, ni mi inusual peinado desprolijo. Estuve cerca de saludar en voz alta, pero temí que tantos cambios de golpe no fuesen creíbles. No en vano Napoleón decía: “Visteme despacio que estoy apurado”, debía ser contundente, pero no tenía prisa.

Trabajé con el mismo desinterés de siempre, no porque me disguste mi tarea, si no porque demostrar pasión no condecía con mi apática personalidad.

Después de cuatro horas llegó el ansiado momento del almuerzo. Mi horario estaba desfasado veinte minutos con respecto al de mis compañeros, este dato insignificante a primera impresión, me habia imposibilitado de comer con ellos durante todos estos años. La simple tarea para algunos de escoger una mesa para sentarse en mi presentaba un indecifrable desafío. Quizás fuese el miedo al rechazo, solo indesición o pura timidez. La realidad es que siempre comía en bares de la zona para evitar dicho momento. Pero todo debía ser diferente, asi que compré una ensalada en el kiosko y fui hacia el comedor.

En el instante previo a abrir la puerta mi corazon latió intensamente, y aunque me trataba de convencer que era una tarea simple, no pude evitar el nerviosismo. Cuando cruce la entrada me percate que nadie notaba mi ingreso y eso me serenó. Me senté en la mesa menos poblada, en ella había cuatro muchachos de traje oscuro y una chica de remera blanca y pañuelo de color, hablaban de una pelicula de la que no recordaban el nombre. Se verán venir dos cosas: una que supe inmediatamente el nombre de la película y nunca se los comenté; y por otro lado que me enamoré instantaneamente de la niña de la mesa.

Mi ensalada se acabó rápido, el tiempo que se tarda en comer es inversamente proporcional a las charlas en las que uno participa activamente. No pude opinar en ninguno de los temas tocados, no por ignorancia, si no por la mera incapacidad de encontrar el momento de decir algo, pero estaba muy contento porque al menos habia estado ahí.

El resto del día laboral transcurrió sin sobresaltos, la misma monotonía que caracterizaba todas las tardes. Lo unico positivo fue que de casualidad, o causalidad, escuché que el nombre de la dueña del pañuelo: Paula.

Volví a casa y a diferencia de otras veces, caminé sin vergüenza al ritmo de mis compañeros que iban en mi dirección. No temía que tomen mi mismo colectivo, aunque sabía que me pondría nervioso.

Llegue a la parada del 152, y allí se detuvo un muchacho de barba candado y traje gris. Nos miramos pero ninguno de los dos habló. Un par de minutos mas tarde, la dueña de la remera blanca ahora cubierta por un saquito negro, también se detuvo en la misma parada. Quise observarla, pero temí no poder sostener la mirada. Ellos si iniciaron una charla, que se interrumpió rapidamente con el arribo del colectivo en cuestión. Mi viaje era de treinta minutos, y siempre de parado.

Bajé en Cabildo y Lacroze, como todos los días, y caminé en dirección a un bar al que nunca me habia animado a entrar por ser demasiado a la calle, fue ahí cuando me percate que Paula había bajado conmigo. Notó que la miraba y me saludó, calculo que también notó que me sonroje inmediatamente, pero no le dio mayor importancia y caminó en dirección contraria a mi destino.

En el bar tomé un café mientras trataba de recordar alguna otra oportunidad en la que haya tomado un café sin apuros en un lugar con ventanas a la calle.

Volví a casa y me acosté pensando en Paula.

domingo, mayo 07, 2006

El tren

Llevaba mas de tres decadas buscando una princesa que no estaba seguro de merecer. Mi único amor correspondido habia sido Mariana, una relación corta pero intensa que transcurrió cuando yo promediaba Abogacia. Nuestro amor, al igual que mi carrera, no prosperaron, no eran lo que mi imaginativa y soñadora mente habia planeado y las saque de mi vida.

Después nunca más Cupido volvió a lanzar una flecha sobre mi débil corazón, y mi maquiavelica mente siguió esperando a la princesa soñada.

Son treinta y dos fracasados Abriles que llevo vividos, que no es poco. Aprendí muchas cosas en este tiempo, aprendí que verdaderos amigos no se consiguen en todos los bares, que trabajar es aburrido pero necesario, que la perfección no es mortal, que el comunismo es utopicamente perfecto y absolutamente impracticable, que Atiles tenía seguramente más de un punto débil y que ser feliz es cuestión de ignorantes.

Era un Martes, uno más en mi poco solicitada agenda y el despertador me recordó que debía ser puntual para realizar esas tareas poco valoradas.

Mi trabajo era de oficina, muchos papeles, pocas responsabilidades, y por sobre todo, una paga insignificante. Ocho eternas horas sentado frente a una computadora que tenía por hobbie dejar de funcionar, una impresora que taladraba mis oídos a cada hoja, y un telefono mudo.

Viaje sentado en el tren hasta Retiro, y durante el recorrido note que me había puesto una corbata que no combinaba con la camisa y también que nadie prestaría atención a ello. En retiro espere quince largos minutos el colectivo que me acercaba hasta la carcel en donde debía encerrarme las siguientes ocho horas.

Después de tanto viaje llegué a la oficina, salude como lo hacia cada mañana con un timido “Buenos Días” y recibi la grata respuesta que esperaba: un incómodo silencio.

Revise mi correo electrónico, y me sorprendi al notar que solo tenia tres ofertas de viagra y cuatro de sexo online, practicamente un record. Algún correo interesante? No! Eso debe ser tarea de ejecutivos supongo.

Cuando la jornada laboral finalizó, y después de un apresurado “Hasta mañana”, volví a respirar el smog de la calle corrientes. Me dirijí a paso firme hacia la parada del seis. Caminar rápido en el centro de Buenos Aires da la sensación de importancia, el destino no era otro que mi cama, pero lo fundamental es caminar ligero.

Si bien la gente y la estación son las mismas, Retiro es muy distinto a la tarde. Uno, además del agobio de los vendedores ambulantes, respira la felicidad que sienten muchos de volver a casa. A mi solo me esperaba un alicaído helecho, y algunas milanesas tostadas, pero me alegraba volver.

Cuando por fin abrí la puerta de casa note que el sillón estaba algo corrido, y que la lámpara verde estaba prendida. Quizás fuese un descuido, pero cuando miré hacia la cocina estaba la mujer mas hermosa del mundo cocinando y al verme solo sonrió.

Se arrimó lentamente y me beso. Su beso no solo fue bello, si que me hizo sentir feliz por primera vez.

No se que tren tome esa tarde, ni que frecuencia tiene, pero hay un tren que sale de retiro y conduce a la felicidad. Quienes bajan de ese tren descubren que sus vidas se tranformaron en las que habían soñado.

Espero ustedes alguna vez lo encuentren.

jueves, febrero 09, 2006

Ley Primera

El Jueves 2 de Marzo a las 22hs arranca Ley Primera en FM Fenix 93.1 - www.fmfenix.com.ar -

Junto a mi hermana, todos los Jueves, trataremos de hacer algo entretenido. Espero les guste!

jueves, febrero 02, 2006

De haber sabido

Algunos dicen que hay mensajes que anticipan el futuro, algo así como avisos del más allá.. Sin ir tan lejos, mi tía Antonia, una excéntrica mujer de Belgrano R cuya belleza en otros años dicen fue mas que halagada, avisó una semana antes que iba a conocer al amor de su vida. Nadie le creía, hasta que siete exactos días mas tarde un tímido morocho golpeo las puertas de su casa por error. Cinco fueron los años que demoraron en casarse, y es el día de hoy que son marido y mujer. Siempre sospeche que ya lo conocía y que solo fue un engaño para blanquear de manera más romántica su situación. Lo cierto es que a mi nada de eso me sucedió, ese Miércoles de Agosto parecía ser uno más.
"Te sentís bien?" me murmuró al odio un compañero de trabajo, mientras yo miraba absorta con cuanta prolijidad estaban puestos los ladrillos de la pared. "Si, mejor que nunca" respondí inmediatamente. "Estas pálida" sus palabras me molestaron, desde muy chiquita tuve complejo por la blancura de mi piel. Soy más que blanca, me pongo cremas autobronceantes, pero no logro salir de ese color nieve. De más esta decir que no le respondí, y volví a concentrarme en el trabajo.
El retorno a casa fue entretenido, siempre logro enamorarme en el subte. Tengo la rara habilidad de mirar a alguien e imaginar la historia de su vida, que obviamente es una historia que termina conmigo a su lado. Rubio y con ojos de cielo, lograste atraerme. Bajé del subte, y te perdí, pero no sufrí demasiado, para esa altura de la vida estaba acostumbrada a dejar ir amores. Llegué a la calle, y de ahí en adelante no se más que pasó.
Ahora estoy acá, un señor de blanco inmaculado, me recibió, me hizo llenar un formulario y me dio permiso a escribir una carta a alguien, y te escribo a vos, porque sos la última persona a la que amé, aunque sea por un instante.
Creo que en un ratito me lo van a presentar, y yo con esta camisa...te parece? Espero que para cuando te llamen, tenga algo mejor puesto y podamos pasar el resto de nuestros días juntos. Con cariño,
Susana

Monologo - No quiero esperar

(En escena, una mujer sentada, mira el piso hasta decir las primeras palabras, esta ojerosa, desarreglada y se la nota sumamente acongojada)

Tengo miedo, de verdad, tengo miedo. La noche es larga, no tengo sueño, y empecé muy mal. (vuelve a mirar al piso por un instante, se pone de pie)

Por primera vez tengo miedo de verdad... tal vez es porque sé que ésta vez sí soy capaz. Capaz de mandar todo al carajo y matarme de una vez por todas. Ya me cansé esta vida de mierda. ¡¿POR QUÉ TODO TIENE QUE SER TAN DIFÍCIL?! Estoy harta de tener que sacrificar lo que quiero, simplemente porque “la vida es así”. LA VIDA ES ASÍ LAS PELOTAS!! Acabo de pasar hora y media encerrada en el baño llorando, me puse realmente histérica y empecé a balancearme como si fuese autista. Saben algo? No sé por qué lo hago. Pero no estoy loca. No estoy loca ... no estoy loca ... no estoy loca...(apagándose, luego silencio por unos instantes. Amaga a sentarse, pero duda y finalmente se sienta, mirada perdida, agitada y se nota la congoja en su rostro).

¿Por qué me pasan las cosas que me pasan? ¿Por qué este deseo incontrolable de ser yo quien decida bajar el telón? Tengo todo para ser feliz. (piensa) Pero, acaso no se matan más los triunfadores que los fracasados, más los hombres en la juventud que en la vejez, mas los enamorados que los que no han conocido amores. Lo cierto, es que cuanto más feliz puede ser una persona, más infeliz se vuelve. No sé por qué, pero si lo piensan bien van a ver que es así.

(en tono irónico) “Ve al monte y mira un amanecer en el campo...” (vuelve a ponerse de pie, ahora con ímpetu) Que pelotudez! Es lo mismo que le ha ocurrido a ese monte el año anterior, y el otro, y hace cuarenta siglos. Ni un atrevimiento, ni una originalidad. (silencio corto, bufando) El crepúsculo ... la primavera ... la caída de las hojas ... ¡¡siempre los mismo trucos!! (mira hacia abajo, pensativa, silencio largo)

“Yo sueño que estoy aquí, de estas prisiones cargado; y soñé que en otro estado lisonjero me vi. Que es la vida? Un frenesí. Que es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.” Si Calderón de la Barca tuviese razón, quiero despertar...despertar de ese largo sueño ... y ahí si ... (piensa, y cambia su rostro, como comenzando a preocuparse) y ahí que? (piensa, parece confundida) Y después que pasa? No volverá todo a empezar, no? Otra vez esperar ansiosa llegar a la primaria, para cuando estar ahí, desear la secundaria, y luego solo desear ser universitaria, pero cuando lo soy, estar ocupada buscando al amor de mi vida, y lo encontrás pero ahora solo esperas que te proponga casamiento, y tiempo después esperar nueve meses para que nazca ese ingrato que lo único que va a desear es que llegue el momento para irse...(piensa)...yo no quiero esperar mas...(silencio, y se sienta)...pero creo estar condenada (se apaga, y llora en la misma posición que arranco la obra) FIN

miércoles, febrero 01, 2006

El olvido (en base al cuento de Fernandez publicado en La Nacion)

Mariana ofrecía domingos por la tarde y Juan solo buscaba un jueves por la noche. Mariana soñaba un París bajo la lluvia, y Juan tan solo un Buenos Aires iluminado. Mariana quería amor, pero él solo deseaba morir por ella.

Esta discrepancia llevó a la ruptura, y luego sobrevino la nostalgia, el recuerdo. Algunas noches se reprochaba no haberle prometido lo que ella quería escuchar, quizás de esa forma la hubiese retenido. Pero ya era tarde.

Se preguntaba como olvidarla. Ocupó cada instante en procurar no pensar en ella, pero fue en vano. Para que le pidió que no lo vuelva a llamar ni a escribir, si solo miraba el teléfono deseoso que suene, y revisaba el correo constantemente esperando un mensaje.

Pasaron semanas para que Juan pueda hablar de otra cosa que no fuese Mariana.

Sus amigos le presentaron infinidad de mujeres, pero ninguna resultó.

Una tarde, en un colectivo hacinado de gente conoció una odontóloga. Charlaron por horas, y en todo ese tiempo Juan no pensó en Mariana. Se sucedieron infinidad de salidas.

Un sábado Juan notó que hacía una semana que no pensaba en Mariana, y se sintió aliviado. Esa misma tarde revisó el correo, y leyó un mensaje que decía “Te extraño”.

Aquel día

Ya han pasado treinta primaveras desde que mis padres vivieron aquella siesta romántica de la que soy resultado, y no es poco. Es tiempo más que suficiente para darme cuenta que ni en tres vidas podría aprender todo lo que me gustaría, o que de haber sido el más absoluto ignorante la felicidad hubiese colmado cada instante de mi vida.

No me casé, no tuve hijos, y no me siento mal al respecto. Simplemente no me llegó el momento. Amar? Amé apasionadamente a mujeres que nunca lo supieron, y salí con tantas otras. Tuve unos cuantos amigos, muchos muy buenos y de los otros también. Trabajé de todo lo que me ofrecieron, que por desgracia no fue mucho. Gané dinero suficiente para vivir dignamente, pero los lujos el destino me los debe reservar para el ocaso de mi vida. Si soy feliz? Nadie lo es. La felicidad es un momento, un instante. El resto del tiempo es una larga espera. Ese es el mejor resumen de mi vida, una larga espera.

Era una mañana fría, así que decidí estrenar mi campera nueva. Zapatos marrones recién lustrados, pantalón gris, camisa a rayas, un sweater al tono, todo un empresario salvando el detalle de mi flaca billetera. No solía vestirme bien, pero presentí que ese martes era especial.

El subte fue un calvario, una despiadada guerra por un asiento. Muchos deben viajar por el exclusivo placer de conseguir lugar en las primeras estaciones y mirar de reojo, casi con gozo, a quienes hacen todo el recorrido de pie. Para mi representa otra cosa, es por lo general, el lugar ideal para conocer a mi platónico amor del día. Son ocho estaciones en total y me alcanzan para formar una familia, lamentablemente estas relaciones siempre terminan en abruptos divorcios cuando arribamos a mi destino.

A paso vivo caminé las tres cuadras que separan la estación de subte de mi trabajo. Llegué puntual, algo no habitual, en los dos años que llevaba en la empresa jamás había cobrado el premio al presentismo. El despertador fue y será siempre un enemigo.

Ocho horas de trabajo, o de simular trabajar, pasan relativamente rápido. En realidad siete horas y media pasan muy rápido, y la última media hora suele ser algo tediosa.

Volví por un camino diferente, decidí caminar algunas cuadras más. No por deporte, lo había abandonado hacía muchos años, si no para distraerme un rato. Con andar sereno, mirando a la gente y no a las vidrieras, tarareaba un tema de Rita Lee.

Faltaban pocos metros para la estación que me había puesto como objetivo cuando la vi. Vestía de blanco, zapatos rosas, una mirada sin igual, una belleza indescriptible. Supe que era ella desde el primer instante, así la había soñado cada noche. Mi corazón comenzó a latir más fuerte que lo habitual, sin dudas debo haberme puesto colorado. Ya no había nadie ni nada a mi alrededor que no fuese ella. Debía hablarle, pero que decirle? Cada vez estábamos más cerca, y para mi sorpresa, venía directo hacia mi.

Sus ojos eran celestes, su piel muy blanca, su pelo oscuro y lacio. Cuando estuvo a un metro de mí, me miró a los ojos y se detuvo.

“Tu eres quien yo creo?” pregunte tímido.

“Yo soy quien tu quieras.” Respondió con una voz que era pura dulzura y sensualidad.

“Te busco hace tanto tiempo, no pensé encontrarte hoy, ni aquí”. El nerviosismo inicial parecía diluirse, y comenzaba a sentirme seguro de mis palabras.

“Te equivocas. Yo soy quien te buscaba.”

Sus ojos no se apartaban de los míos. Había imaginado ese momento tantas veces, tantas noches, y ahora que estaba viviéndolo no sabía como comportarme, cómo comenzar. Sentí miedo, angustia, inseguridad. Mis manos temblaban, y trataba de disimularlo. Por fin me animé a seguir con la charla.

“No estoy seguro que sea el momento. Quizás me apresuré al llamarte. Estar solo no es fácil, mi vida no es como quisiese y fue un recurso inevitable. Noche a noche pienso en ti, y ahora que te enfrento cara a cara tengo miedo”.

Su bello rostro no mostraba gesto alguno. Su intensa mirada parecía explorar mi alma.

“Ya debe ser tarde para volverme atrás. Es normal dudar en este momento?”

No respondió, me tomo de la mano y caminamos juntos.

No pude evitar mirar atrás y allí estaba: mi cuerpo en el piso, el arma aún en mi mano y mucha gente a mi alrededor.