domingo, mayo 07, 2006

El tren

Llevaba mas de tres decadas buscando una princesa que no estaba seguro de merecer. Mi único amor correspondido habia sido Mariana, una relación corta pero intensa que transcurrió cuando yo promediaba Abogacia. Nuestro amor, al igual que mi carrera, no prosperaron, no eran lo que mi imaginativa y soñadora mente habia planeado y las saque de mi vida.

Después nunca más Cupido volvió a lanzar una flecha sobre mi débil corazón, y mi maquiavelica mente siguió esperando a la princesa soñada.

Son treinta y dos fracasados Abriles que llevo vividos, que no es poco. Aprendí muchas cosas en este tiempo, aprendí que verdaderos amigos no se consiguen en todos los bares, que trabajar es aburrido pero necesario, que la perfección no es mortal, que el comunismo es utopicamente perfecto y absolutamente impracticable, que Atiles tenía seguramente más de un punto débil y que ser feliz es cuestión de ignorantes.

Era un Martes, uno más en mi poco solicitada agenda y el despertador me recordó que debía ser puntual para realizar esas tareas poco valoradas.

Mi trabajo era de oficina, muchos papeles, pocas responsabilidades, y por sobre todo, una paga insignificante. Ocho eternas horas sentado frente a una computadora que tenía por hobbie dejar de funcionar, una impresora que taladraba mis oídos a cada hoja, y un telefono mudo.

Viaje sentado en el tren hasta Retiro, y durante el recorrido note que me había puesto una corbata que no combinaba con la camisa y también que nadie prestaría atención a ello. En retiro espere quince largos minutos el colectivo que me acercaba hasta la carcel en donde debía encerrarme las siguientes ocho horas.

Después de tanto viaje llegué a la oficina, salude como lo hacia cada mañana con un timido “Buenos Días” y recibi la grata respuesta que esperaba: un incómodo silencio.

Revise mi correo electrónico, y me sorprendi al notar que solo tenia tres ofertas de viagra y cuatro de sexo online, practicamente un record. Algún correo interesante? No! Eso debe ser tarea de ejecutivos supongo.

Cuando la jornada laboral finalizó, y después de un apresurado “Hasta mañana”, volví a respirar el smog de la calle corrientes. Me dirijí a paso firme hacia la parada del seis. Caminar rápido en el centro de Buenos Aires da la sensación de importancia, el destino no era otro que mi cama, pero lo fundamental es caminar ligero.

Si bien la gente y la estación son las mismas, Retiro es muy distinto a la tarde. Uno, además del agobio de los vendedores ambulantes, respira la felicidad que sienten muchos de volver a casa. A mi solo me esperaba un alicaído helecho, y algunas milanesas tostadas, pero me alegraba volver.

Cuando por fin abrí la puerta de casa note que el sillón estaba algo corrido, y que la lámpara verde estaba prendida. Quizás fuese un descuido, pero cuando miré hacia la cocina estaba la mujer mas hermosa del mundo cocinando y al verme solo sonrió.

Se arrimó lentamente y me beso. Su beso no solo fue bello, si que me hizo sentir feliz por primera vez.

No se que tren tome esa tarde, ni que frecuencia tiene, pero hay un tren que sale de retiro y conduce a la felicidad. Quienes bajan de ese tren descubren que sus vidas se tranformaron en las que habían soñado.

Espero ustedes alguna vez lo encuentren.

No hay comentarios.: